Mirar las estrellas
Como si de una tarde taurina se tratara, voy a cambiar un poco el tercio de mis entradas. No voy a hablar de economía, no voy a hablar de política y no voy a hablar sobre lo que suelo hablar. En verano todo se ralentiza. La actualidad parece que es menos importante. Así que vamos a aprovechar el tiempo.
El verano es esa estación del año en la tenemos más tiempo para nosotros y los nuestros. En vacaciones nos podemos permitir acostarnos un poquito más tarde, bien porque no tenemos que ir a trabajar, bien porque el calor sofocante de las noches es insufrible.
Y que mejor actividad que mirar las estrellas, no las de la tele. Pues solo faltaba eso, tomar vacaciones para ver la tele. Me refiero a las estrellas de verdad, a los cielos veraniegos.
No es necesario disponer de ningún instrumento de observación, aunque unos prismaticos o un telescopio ayudan. Con un calzado cómodo, abundante liquido y buena compañía es suficiente. A simple vista, incluso en las ciudades, se pueden contemplar los cielos. Los mismos que tenemos durante todo el año y nuestro ritmo de vida no nos permite observar.
Podemos observar la luna, podemos observar la osa mayor o podemos observar Venus y Júpiter. Son objetos fácilmente localizables. A mi me gusta mirar hacia el cenit de la bóveda celeste de las noches de verano a lo que yo llamo “mi triangulo”. ¿Por qué lo llamo así?
En el mes de julio, en las latitudes medias del hemisferio norte se pueden contemplar con claridad tres constelaciones, y no son las del zodiaco. Me refiero a las constelaciones de “el cisne”, “el águila” y “la lira”. Son fácilmente reconocibles porque cada una de ellas tiene una estrella fácilmente reconocible.
Esas tres estrellas son Deneb (constelación del cisne), Altair (constelación de el águila) y Vega (constelación de la lira). Si nos fijamos, estas tres estrellas forman un triangulo, . La verdad es que tres puntos no alineados siempre forman un triangulo, pero es “mi triangulo” de todos los veranos, el que veo desde mi casa, desde el campo o la playa.
Solo tenemos que tumbarnos en el suelo y mirar hacia arriba. Tras un periodo de localización de estas tres estrellas podremos distinguir las constelaciones. De las tres, la más evidente es la del cisne, con sus alas abiertas al viento, en la que salta a la vista Deneb, en la cola. Si, además, disponemos de unos prismáticos, podemos contemplar el pico del cisne (Albireo).
El águila es menos evidente, sobre todo en cielos muy iluminados, pero si buscamos el punto brillante de Altair, acompañada por Alshain y Tarazed, tres estrellas alineadas, no habrá problema.
La última de las tres es la constelación de la lira, con forma romboidal. Es dificil de apreciar, pero una vez localizada su estrella más brillante, Vega, podremos contemplarla.
Propongo un juego. Entre estas tres constelaciones se encuentran la flecha, el delfín y el caballito. ¿Las buscamos?
Si, además, observamos estos objetos con nuestros hijos, será una experiencia inolvidable. Y, quien sabe, puede que la experiencia sea adictiva y decidais profundizar en esta apasionante disciplina que es la astronomía. A mi me ocurrió, y desde entonces, cada vez que dispongo del tiempo suficiente, le dedico algunas noches de observación con mi modesto telescopio refractor de 90 mm. de diámetro y mi cámara fotográfica sobre un tripode. En una de esas noches veraniegas conseguí hacer las fotos que habeis visto y algunas otras.
Suerte y feliz observación.















Bueno, en Madrid capital la contaminación luminica no deja disfrutar de las estrellas, así que me alegro por ti.
Saludos,
Jorge Juan
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Si, así es, Jorge. Es una pena que la vida en las ciudades sea a costa de los cielos. Siempre se podrá hacer una escapadita a la sierra. Cuenca no está muy lejos y tiene unos cielos bastante oscuros (aun).
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